rte en antiago

LAS ARTES PLÁSTICAS EN LA HABANA ANTES DEL SIGLO XIX 

l contrario de lo que ocurrió en el resto de Latinoamérica, no tuvo Cuba una floreciente escuela pictórica en los siglos XVI al XVIII. El exterminio temprano de la población indígena del país, arrasada por la conquista, no deja una tradición artística que favorezca el mestizaje pictórico como ocurrió en los virreinatos de México y Perú.

     La Habana, lugar de reunión de la flota, tenía una población itinerante que generaba un considerable y progresivo intercambio comercial. Dada su favorable ubicación de escala fue necesario desarrollar una serie de construcciones de carácter militar y  religioso lo que la convirtió en una ciudad más segura, llevando consigo un constante desarrollo urbanístico, crecimiento demográfico y enriquecimiento material,  que acarreó un aumento de vecinos acaudalados e influyentes.

     Hacia finales del siglo XVIII el desarrollo de la pintura en Cuba se reduce a algunos nombres aislados y a algún que otro maestro o pintor que dejó constancia de obras o encargos realizados. Anterior a este siglo se conoce el caso del pintor Juan Camargo que estando de paso por la ciudad pintó el retablo de la parroquia habanera y el de un tal Juan Salas Argüello, imaginero y pintor de retablos que el 26 de enero de 1646 firmó el acta de donación de un retablo para la iglesia del convento de Santa Clara. Este retablo fue considerado por mucho tiempo el mejor de los existentes en la ciudad.

     También por esta época la importación de obras de arte fue en aumento. A la siempre propicia condición portuaria de La Habana para tal comercio, se suman, entonces, las crecientes exigencias estéticas de sus clases ricas en consonancia con su proceso de ennoblecimiento y desarrollo económico de la colonia.

     Contaba La Habana en el siglo XVIII con los primeros pintores criollos, cuyos nombres y obras recoge nuestra historia del arte. Estos son Tadeo Chirinos, José Nicolás de Escalera, Juan del Río y Vicente Escobar.

     Jorge Bermúdez refiriéndose a nuestros primeros pintores dice: “…pero, si nos atenemos a los testimonios con anterioridad presentados, es válido recordar que el inicio de la pintura en Cuba (entendida ésta como actividad de los maestros pintores extranjeros y de los no pocos criollos que los servían) retrocede hasta la primera mitad del siglo XVII; o sea, un siglo antes de que pintaran Escalera y Chirinos. Por lo que concluimos refiriéndonos a los pintores cubanos conocidos del siglo XVIII, como los primeros de nombre y obra, para establecer las necesarias diferencias.”

     A comienzos del siglo XIX ocurre un florecimiento de la pintura popular anónima, realizada fundamentalmente en las paredes de las casas, elaborada por artesanos mulatos y negros libres. Guy Pérez Cisneros anotaba el hecho, sin mas comentarios de la siguiente manera: “Las memorias de viajeros y documentos de la época nos aseguran que La Habana fue decorada entonces por una pléyade de pintores populares que embadurnaron sus muros de la forma mas alegre”.

     Otra muestra de la importancia que tuvo la labor de estos artesanos está relacionada con los nombres primitivos de calles y lugares de La Habana de entonces. Llama la atención la cantidad de sitios, callejones, esquinas que deben sus nombres a pinturas realizadas en sus paredes y que fueron punto de referencia utilizados por la población

     El siglo XIX traerá consigo un cambio en la situación social del pintor que girará en torno a la Academia fundada en 1818. A partir de ésta, el pintor dejará de ser un artesano para ser cada vez más un artista en el sentido actual del término. “San Alejandro” se crea precisamente para rescatar de las manos de los artesanos negros el oficio de pintor.

 

Artículos - Galería Histórica - Obras dedicadas a Stgo - Premio Cruz Verde - Disputa Histórica

Todos los derechos reservados 2009 - 2012